Tu primo puede hacerte el logo.
Incluso, lo hace gratis. Y puede que sea exactamente lo que necesitas.

Antes de hacer
Tu primo. Tu amigo diseñador. El vecino de tu madre que “controla de estas cosas”.
Da igual quién sea.
La cuestión no es quién hace el logo, sino qué vas a necesitar que haga después.
Un logo puede ser suficiente
Si estás validando una idea, montando un proyecto temporal o todavía no sabes ni qué vas a vender dentro de seis meses, quizá invertir mucho en branding sea matar moscas a cañonazos.
Un nombre claro, un logo bien resuelto, dos colores y una tipografía pueden ser más que suficientes para empezar.
Y no pasa nada.
(No vamos a llamar a la policía del branding).
¿Y si tu primo es diseñador?
Entonces esta discusión se pone incómoda.
Puede ser buenísimo.
El asunto nunca ha sido el parentesco, sino el problema que hay que resolver, el trabajo que exige y lo que necesitas tener al terminar.
Un freelance, un equipo interno o una agencia pueden construir una gran identidad.
(Y los tres pueden hacer un desastre).
El problema empieza cuando ese logo tiene que trabajar
Hoy está en Instagram.
Mañana en la web.
Después en una presentación.
Marketing pide una campaña, alguien necesita una versión vertical, otra persona encuentra un naranja “más o menos parecido” y, de repente, hay diez personas tomando decisiones sobre la marca.
Cada una con buena intención.
Cada una con una versión distinta.
Ahí ya no tienes un problema de logo.
Tienes un problema de sistema.
Una identidad visual ayuda a ordenar tipografías, colores, jerarquías, fotografía, iconografía, recursos gráficos, aplicaciones y unas reglas básicas para que distintas personas puedan trabajar con la marca sin reinventarla cada martes.

La pregunta buena
No preguntes:
“¿Cuánto cuesta un logo?”
Pregunta:
“¿Qué necesito que esta marca sea capaz de hacer durante los próximos años?”
Si la respuesta es “verse bien en Instagram y poco más”, no compliquemos las cosas.
Pero si tiene que funcionar en campañas, web, vídeo, presentaciones, espacios, distintos mercados y además pasar por las manos de varias personas, quizá ha llegado el momento de dejar tranquilo a tu primo.
Antes de encargar nada
Hazte estas preguntas:
¿Dónde va a vivir la marca?
¿Solo en una web y unas redes o también en campañas, presentaciones, espacios, vídeo o publicaciones?
¿Quién va a trabajar con ella?
Una persona puede improvisar bastante. Diez personas improvisando a la vez ya es otra disciplina.
¿Cuánto tiene que crecer?
No es lo mismo resolver lo que necesitas hoy que construir algo que tendrá que funcionar en distintos productos, países o equipos.
¿Tiene que ser reconocible incluso cuando no aparece el logo?
Cuando una marca tiene una identidad sólida, muchas veces puedes reconocerla antes de encontrar su nombre.
Las respuestas a estas preguntas suelen decir bastante más sobre lo que necesitas que cualquier lista de entregables.
Entonces, ¿logo o identidad?
Puede que solo necesites un logo.
De verdad.
Y puede que tu primo sea exactamente la persona adecuada para hacerlo.
Pero si el problema empieza a crecer, también tiene que crecer la solución.
Ya no estás intentando conseguir un logo mejor.
Estás intentando conseguir una marca que funcione.
No defendemos nuestros servicios. Defendemos las buenas decisiones.
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